{"id":1101,"date":"2013-05-01T16:52:32","date_gmt":"2013-05-01T15:52:32","guid":{"rendered":"\/enzuazua\/?p=1101"},"modified":"2022-03-21T07:29:58","modified_gmt":"2022-03-21T06:29:58","slug":"django","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cmc.deusto.eus\/enzuazua\/django\/","title":{"rendered":"Django"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Djando era su nombre. Siempre con D, les recordaba a los que al pronunciarlo o deletrearlo se olvidaban de esa primera letra, tal vez por el perfeccionismo propio de quien s\u00f3lo pudo alfabetizarse de adulto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era un apuesto var\u00f3n de raza negra, desencadenado y libre en una Am\u00e9rica sure\u00f1a. Hab\u00eda ganado su libertad cuando todav\u00eda \u00e9sta era tan inhabitual que resultaba sospechosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le toc\u00f3 vivir en una sociedad orgullosa de sus valores, incluso del de la discriminaci\u00f3n racial, pues el orgullo a veces se adhiere al lado m\u00e1s irracional y oscuro de lo humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dedic\u00f3 buena parte de su vida a cabalgar en busca de su compa\u00f1era que hab\u00eda perdido tiempo atr\u00e1s en un mercado de humanos sin piedad, en un mundo rural, dominado de modo aplastante (en el sentido m\u00e1s estricto de la palabra) por los blancos. Tan racista era la sociedad que ni siquiera era consciente de ello. Simplemente se sorprend\u00eda de ver un negro libre a caballo como lo hacemos ante los fuegos artificiales, con la boca abierta, para evitar que el estallido ac\u00fastico da\u00f1e nuestro o\u00eddo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la historia expl\u00edcita de un h\u00e9roe de lo cotidiano, puesta en el cine de manera magistral por Quentin Tarantino (\u201cDjango Unchained\u201d, \u201cDjango desencadenado\u201d, 2012), que decidi\u00f3 primar la vida y la libertad de su amada a la suya propia. Su b\u00fasqueda le empuj\u00f3 a ser n\u00f3mada y se distingui\u00f3 de la mayor\u00eda de sus cong\u00e9neres, que a\u00fan no hab\u00edan podido escapar de la esclavitud, por su valor. Otro negro, anciano y esclavo, que hab\u00eda dado la espalda a los de su raza sirviendo toda su vida como guardi\u00e1n de esclavos, reconoci\u00f3 la singularidad de Django nada m\u00e1s verlo. El abuelo hab\u00eda canjeado una vida c\u00f3moda por la traici\u00f3n a los suyos, cruel y cobardemente pues ambas son compatibles. Fue \u00e9l, desde la experiencia de quien hab\u00eda observado y vigilado durante d\u00e9cadas a infinidad de esclavos, quien afirm\u00f3 que negros como Django s\u00f3lo hab\u00eda uno cada diez mil. La determinaci\u00f3n se reflejaba en sus ojos, capaces de sostener cualquier mirada y uno entre diez mil era y es la proporci\u00f3n de los grandes n\u00fameros que asegura la singularidad de un individuo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Django fue un sobreviviente nato. No le quedaba otro remedio. El objetivo de conseguir liberar a su compa\u00f1era de la que le separaron cuando m\u00e1s la amaba pasaba por mantenerse vivo a toda costa. Viv\u00eda pues, como lo hacemos hoy, m\u00e1s por los suyos que para s\u00ed mismo. \u00c9l represent\u00f3 con gallard\u00eda ese instinto que impulsa a la especie humana a la continua b\u00fasqueda del progreso a trav\u00e9s de la entrega y la protecci\u00f3n permanente a los suyos, forjando la evoluci\u00f3n darwiniana. Evolucionamos, en efecto, pues estamos gen\u00e9ticamente preparados para enfrentarnos a nuestra propia muerte pero no a la de nuestros hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Django consigui\u00f3 finalmente su objetivo. Es probable que en la vida real le hubiese resultado a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil que en la pantalla, en la que son posibles siempre varios finales, contrariamente a lo que ocurre en el d\u00eda a d\u00eda. Pero es estimulante contemplar que, al menos en el cine, el \u00e9xito, la satisfacci\u00f3n de la misi\u00f3n cumplida, y la paz que genera el abrazar la justicia, es posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Matem\u00e1ticas nos ense\u00f1an que el camino m\u00e1s corto entre dos puntos, la geod\u00e9sica, es la l\u00ednea recta, pero s\u00f3lo en espacios homog\u00e9neos, sin obst\u00e1culos, y que suelen ser mucho m\u00e1s largas y complejas cuando la topograf\u00eda es complicada. Y el viaje de Djando fue todo menos sencillo. Liberar a su compa\u00f1era necesit\u00f3 de muchos d\u00edas y noches de galope, de esos que en el cine son aparentemente posibles sin que el protagonista nunca descanse, y tambi\u00e9n amasar una peque\u00f1a fortuna que le permitiera comprar la libertad de su enamorada disfrazada en la de todo un lote de esclavos. Gan\u00f3 aquel dinero de la mano de su liberador y protector que se convertir\u00eda tambi\u00e9n en maestro, con quien se cruz\u00f3 en el camino en una carambola que de vez en cuando la vida nos regala y que hay que saber reconocer y abrazar en tiempo real. El Doctor King Schultz en la pel\u00edcula, papel interpretado brillantemente por Christoph Waltz, era un cazador de recompensas que se ganaba generosamente la vida llevando ante las autoridades a multitud de delincuentes, siempre muertos, aunque la orden rezara, indistintamente, \u201cvivos o muertos\u201d, simplemente porque es m\u00e1s f\u00e1cil transportar un cad\u00e1ver que un preso. Django aprendi\u00f3 bien el oficio como hab\u00eda aprendido a leer, de adulto. Lo m\u00e1s duro fue el principio, como casi siempre. Bastaba con hacerlo unas cuantas veces para conseguir apagar definitivamente las luces de la conciencia que impiden a un humano asesinar a otro. Siempre es m\u00e1s f\u00e1cil hacerlo cuando la ley escrita, por inmoral que sea, ampara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como todas las pel\u00edculas de Tarantino, de violencia profusa, se queda tal vez corta en el relato de lo cruel que puede ser la vida real, movida con demasiada frecuencia por bajas e inconfesables pasiones y traiciones. Fue el psic\u00f3logo social Stanley Milgram (Nueva York, 1933 &#8211; 1984) con su c\u00e9lebre experimento de \u201cObedicencia a la autoridad\u201d quien demostr\u00f3 c\u00f3mo la mayor\u00eda de los humanos se muestran dispuestos a obedecer las instrucciones de un superior o l\u00edder, inflingiendo castigos injustos y abusivos a un tercero, por bestiales que resulten, incluso m\u00e1s all\u00e1 de los dictados de su propia conciencia. As\u00ed ocurr\u00eda en aquella Am\u00e9rica racista en la que el amo lo era con todas las consecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Posiblemente hoy Django lo habr\u00eda tenido un poco m\u00e1s dif\u00edcil. En primera lugar porque, afortunadamente, nuestra sociedad ha evolucionado enormemente en el respeto a los derechos humanos. Pero tambi\u00e9n, como hemos tenido oportunidad de ir aprendiendo aqu\u00ed y en muchos otros lugares en los \u00faltimos a\u00f1os, porque no hay caverna en la que esconderse cuando las grandes potencias deciden desplegar todas las herramientas que proporciona la tecnolog\u00eda y la inteligencia moderna en la b\u00fasqueda de una persona inscrita en las listas del \u201cwanted\u201d, \u201cse busca\u201d, por remoto que sea su escondite, por mucho que cambie de fisonom\u00eda o disfraz. Hay cada vez menos territorio habitable en la tierra por descubrir, menos praderas en las que poder cabalgar libremente al margen de la ley o al borde de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de ello pueblan nuestras calles muchos Djangos, en m\u00faltiples b\u00fasquedas. Unos buscan simplemente lo que les arrebataron, aqu\u00e9l estado del bienestar que cre\u00edan haber ganado o heredado merecidamente y para siempre, que ahora se evapora sine die. Otros buscan contribuir a la justicia social a trav\u00e9s del voluntariado, cada vez m\u00e1s necesario en una sociedad que no consigue aprobar la asignatura de la igualdad de oportunidades, del reparto de la riqueza, sin ni siquiera darse cuenta de lo que significa un suspenso en estas materias, como en la pel\u00edcula, en la que los racistas ni siquiera saben que lo son. Todos buscan, todos buscamos, todos tendremos que intentarlo con la misma osad\u00eda, aunque no todos tendremos la misma suerte que el personaje representado impecablemente por Jamie Foxx. De hecho, el propio Django habr\u00eda sido m\u00e1s libre hoy, pero no necesariamente lo habr\u00eda tenido m\u00e1s f\u00e1cil en la estrechura de una patera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDjango desencadenado\u201d, una entretenida pel\u00edcula, dif\u00edcil de olvidar, en la que tambi\u00e9n hay espacio para los h\u00e9roes secundarios, como la mayor\u00eda de nosotros, que no atraen las miradas de los transe\u00fantes al caminar, ni son capaces de vivir de manera permanente en la valent\u00eda, pero que, de vez en cuando, saben y son capaces de arriesgar por una causa justa, a\u00fan presas del p\u00e1nico, escapando del deshonroso comportamiento cient\u00edficamente predicho por el experimento de Milgram. Su propio maestro, el Doctor King Schultz, cazador de recompensas cazado, v\u00edctima solitaria de su propia crueldad e excesivo ingenio, es uno de ellos. El Doctor, de vida vac\u00eda, sin m\u00e1s perspectiva que seguir un d\u00eda tras otro cazando recompensas que ni siquiera sab\u00eda para qu\u00e9 necesitaba, muere en un acto heroico \u00faltimo, contribuyendo generosamente a una misi\u00f3n imposible que hizo suya voluntariamente y sin raz\u00f3n evidente salvo el magnetismo de la pasi\u00f3n que Django transmit\u00eda. Es el gesto p\u00f3stumo al que todo el mundo aspira en su \u00faltima exhalaci\u00f3n, pero que con demasiada frecuencia se escapa inadvertidamente en la pen\u00faltima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una historia por tanto que repasa realidades y actitudes a\u00fan hoy completamente vigentes pero con la hermosura del maquillaje y la puesta en escena que el cine permite, deslumbrando al espectador con luz, color, m\u00fasica, movimiento, di\u00e1logos y emoci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre ha habido Djangos pero, desafortunadamente, sigue habiendo trabajo pendiente, causas justas por las que luchar. Vivimos aqu\u00ed en un para\u00edso donde son inimaginables muchas de las violaciones de los derechos humanos con los que la prensa nos despierta cada ma\u00f1ana. Pero el n\u00famero de quejas ante la instituci\u00f3n del Ararteko no deja de aumentar. El drag\u00f3n tiene muchas cabezas, y por mucho que haya Djangos que consigan cortarlas, una tras otra, siempre emerge una nueva, como las colas de las lagartijas: Malas pr\u00e1cticas y abusos de poder de la administraci\u00f3n, de las entidades financieras,&#8230; tapados por la ventaja que otorga el poder cambiar la norma, o simplemente ahogados en una justicia lenta con demasiada frecuencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, a pesar de todo ello, Django, siempre con D, lo consigui\u00f3. No hay pues motivo para el desaliento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.deia.com\/opinion\/columnistas\/matemanias\/django-siempre-con-d\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Art\u00edculo publicado<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Djando era su nombre. 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