{"id":1845,"date":"2014-10-05T16:33:58","date_gmt":"2014-10-05T15:33:58","guid":{"rendered":"\/enzuazua\/?p=1845"},"modified":"2022-03-21T07:29:38","modified_gmt":"2022-03-21T06:29:38","slug":"kakalardos-o-drones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cmc.deusto.eus\/enzuazua\/kakalardos-o-drones\/","title":{"rendered":"\u00bfKakalardos o drones?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Hac\u00eda tiempo que los echaba de menos sin haberme percatado de ello. De ni\u00f1os nos los encontr\u00e1bamos con cierta frecuencia. Eran relativamente habituales en verano, m\u00e1s de noche que de d\u00eda, en unos parajes que entonces eran m\u00e1s verdes y oscuros y en los que circulaban menos coches que ahora. El kakalardo, junto con las luci\u00e9rnagas, los erizos y los murci\u00e9lagos, eran bichos raros, en la medida que no eran animales de compa\u00f1\u00eda ni tampoco los m\u00e1s frecuentados en nuestras asilvestradas andanzas de barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada vez que estos escurridizos animales nos visitaban, su relativo exotismo nos pillaba por sorpresa. Pero, a pesar de lo inhabitual de su compa\u00f1\u00eda, formaban parte de nuestro paisaje y no pasaba un verano sin que nos top\u00e1ramos con ellos, de manera ocasional. Ten\u00edan la virtud de sorprendernos siempre y de inquietarnos, pero s\u00f3lo un poco, sin hacernos da\u00f1o ni llegar a producirnos miedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un atardecer un enorme kakalardo macho se pos\u00f3 en la mesa de madera de un merendero descubierto. Negro y elegante, con sus desproporcionadas mand\u00edbulas abiertas y atentas, todos los comensales lo entendieron amenazante. Alguno de los presentes incluso grit\u00f3 atemorizado. Pero un se\u00f1or de camisa blanca se levant\u00f3 sereno y, como un h\u00e9roe de Hollywood en versi\u00f3n local, lo cogi\u00f3 con su mano izquierda, como quien coge una inofensiva quisquilla en la playa, para posarlo sobre la hierba del jard\u00edn. Todos quedamos at\u00f3nitos y entendimos que los kakalardos eran seres importantes y amables, dignos de ser cuidados y ser libres, y no merecedores de un escobazo. Aqu\u00e9l se\u00f1or, por su parte, era sin duda un h\u00e9roe zurdo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde entonces la infrecuente aparici\u00f3n s\u00fabita de un kakalardo, cuando se da, siempre me ilusiona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero hace tiempo que no veo ninguno. O, lo que es peor, \u00faltimamente los veo \u00fanicamente en los museos dedicados a la naturaleza, inertes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d\u00edas cre\u00ed que mi suerte hab\u00eda cambiado, esta vez para mejor, y que me hab\u00eda topado con un nuevo ejemplar vivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caminando al atardecer escuch\u00e9 un zumbido denso, emitido sin duda por un ser volador, peque\u00f1o, pero compacto, a varios metros de altura sobre mi cabeza. Pens\u00e9, sin conseguir verlo, que ser\u00eda un kakalardo. Pero no estaba seguro pues era esa fat\u00eddica hora en que los miopes no conseguimos ver ni con gafas, en la penumbra que deja atr\u00e1s la luz del d\u00eda sin permitir a\u00fan que se cierre la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para tranquilidad de mi amable acompa\u00f1ante, le expliqu\u00e9 que se trataba de un kakalardo que describ\u00ed como un gran escarabajo cornudo y volador pero simp\u00e1tico e inofensivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue s\u00f3lo a su tercer paso que lo pude ver. Para mi sorpresa no se trataba de un kakalardo sino de un objeto pl\u00e1stico, mec\u00e1nico, de un tama\u00f1o semejante al de un kakalardo, s\u00ed, pero con inconfundibles colores pl\u00e1sticos, azul, amarillo y rojo. \u00a1No era un kakalardo, era un dron!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el suceso me he interesado un poco m\u00e1s sobre la vida de los kakalardos. Un amigo bi\u00f3logo me ha explicado que, en realidad, son una de las numerosas especies de escarabajos que est\u00e1n en v\u00edas de extinci\u00f3n, pues son codiciados por los coleccionistas y por tanto cazados sin piedad. Esta informaci\u00f3n me encaj\u00f3 con la creciente rareza de sus apariciones. En efecto, cada vez que vemos un kakalardo cuidadosamente disecado, expuesto en un museo o vendido en una tienda de souvenirs ex\u00f3ticos, junto con otros nobles representantes del gran reino de los insectos, se trata de un ejemplar que hemos robado irreversiblemente a la naturaleza. Bueno, no s\u00f3lo uno, sino que al acabar con uno de ellos tambi\u00e9n lo hacemos con su abortada descendencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En internet entend\u00ed que los kakalardos que yo hab\u00eda visto, o al menos en los que hab\u00eda reparado, eran los machos, y que en castellano se llaman ciervos voladores, precisamente por la cornamenta que los caracteriza. Son adem\u00e1s s\u00f3lo los machos los que presentan esa forma jur\u00e1sica, siendo el cuerpo de las hembras menos desproporcionado, m\u00e1s menudo y armonioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los kakalardos no son m\u00e1s que una entre los miles de especies de escarabajos, pero son sin duda singulares. Hay otros igualmente curiosos, pero tan distintos que no dejan duda de la riqueza y diversidad del reino de lo min\u00fasculo de los insectos. Las mariquitas por ejemplo son mucho m\u00e1s frecuentes y de aspecto m\u00e1s dulce y alegre, a la vez que enanas si se las compara con los gigantescos kakalardos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las alas delanteras de los kakalardos est\u00e1n atrofiadas, no sirven pues para volar, sino de corazas. Es por eso que el kakalardo ha de volar pesada y ruidosamente como un helic\u00f3ptero de carga, propulsado s\u00f3lo por las alas traseras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ilusi\u00f3n de haber encontrado un nuevo ejemplar de la noble especie de los kakalardos silvestres en su medio natural se desvaneci\u00f3 al descubrir que se trataba de un dron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad que estos artilugios han llegado a nuestras vidas con muy malas referencias y prensa. Los hemos conocido por su uso b\u00e9lico, por su capacidad de llegar, sin piloto, volando a gran velocidad, a lugares a los que los aviones convencionales no pueden alcanzar o ser\u00eda muy dif\u00edcil y peligroso hacerlo con tripulaci\u00f3n. Los drones, pilotados remotamente o bien a trav\u00e9s de sus propios ordenadores de a bordo previamente programados mediante los algoritmos propios de la autom\u00e1tica din\u00e1mica, pueden realizar su tarea de espionaje o ataque y regresar a su base sin haber puesto en riesgo vida alguna salvo la del desafortunado objetivo de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos aparatos, obras maestras de la Cibern\u00e9tica y la Aeron\u00e1utica, creados con fines b\u00e9licos, comienzan ahora a invadir nuestras vidas en todo tipo de versiones y distintos fines, un poco m\u00e1s amables. El que yo me top\u00e9 ten\u00eda como objeto grabar la representaci\u00f3n teatral que en la playa adyacente se iba a desarrollar minutos m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este inesperado encuentro con un dron que, finalmente, tras conocer su fin \u00faltimo, me result\u00f3 menos antip\u00e1tico, fue una clara prueba del innegable paso del tiempo y del avance tecnol\u00f3gico. En unas pocas d\u00e9cadas las campas en las que antes nos visitaban los kakalardos eran ahora pistas de ensayo para drones dom\u00e9sticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n fue s\u00edntoma de que nuestro espacio de intimidad se ha reducido dr\u00e1sticamente. Un dron puede ahora entrar por la ventana de nuestra cocina y grabarnos mientras fre\u00edmos las patatas o ponemos la lavadora. Cierto es que, antes, un kakalardo pod\u00eda tambi\u00e9n invadir nuestro espacio de manera inesperada pero entonces sab\u00edamos que lo hac\u00eda inadvertidamente, sin estar movido por la curiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como contrapartida, gracias a los drones, ahora podemos, por ejemplo, contemplar grabaciones de fuegos artificiales realizados desde una perspectiva completamente distinta, pues no es lo mismo hacerlo pasivamente en la distancia, con la boca abierta, que penetrar y moverse en el espacio que delimitan, como lo hace un dron, cual surfista que se desliza sobre el tubo de una ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los drones tendr\u00e1n sin duda un creciente uso civil que har\u00e1 nuestras vidas algo m\u00e1s f\u00e1ciles en muchos aspectos. Ser\u00e1n ellos los que se encarguen de la dif\u00edciles tareas de vigilancia y exploraci\u00f3n all\u00ed donde se producen las cat\u00e1strofes y el ser humano no puede llegar. Pero ser\u00e1 tambi\u00e9n dif\u00edcil evitar que tengan comportamientos y efectos colaterales algo molestos. Lo mismo que una moto de agua puede romper impunemente la paz de cualquier cala costera, el dron podr\u00e1 a partir de ahora irrumpir en el paraje m\u00e1s remoto y resguardado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya se ha legislado sobre el tema, pero mucho me temo que regular el uso de los drones va a ser tan dif\u00edcil poner puertas al campo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dron viene del ingl\u00e9s \u201cdrone\u201d que significa z\u00e1ngano. Me sorprende la elecci\u00f3n de esta denominaci\u00f3n pues el z\u00e1ngano, la abeja macho, muere tras la fecundaci\u00f3n mientras que el dron puede volver una y otra vez a su base una y otra vez tras haber ejecutado su misi\u00f3n. Se dice tambi\u00e9n z\u00e1ngano al que no le gusta trabajar. El dron s\u00ed que lo hace, trabaja y mucho, pero lo hace para y por nosotros los humanos y es tal vez por eso que haya sido bautizado no con su propio nombre sino con el de sus progenitores, los humanos z\u00e1nganos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sigo a la expectativa de encontrarme con el siguiente kakalardo pero me temo que, mientras, me topar\u00e9 con varios drones, sin poder elegir ni c\u00f3mo ni cuando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si me dejasen, escoger\u00eda, sin duda alguna, kakalardo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Art\u00edculo publicado en la revista Zazpika, el 5 de Octubre de 2014<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hac\u00eda tiempo que los echaba de menos sin haberme percatado de ello. De ni\u00f1os nos los encontr\u00e1bamos con cierta frecuencia. 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