{"id":773,"date":"2014-02-03T10:02:01","date_gmt":"2014-02-03T10:02:01","guid":{"rendered":"\/enzuazua\/?p=773"},"modified":"2022-03-21T07:29:56","modified_gmt":"2022-03-21T06:29:56","slug":"avalanchas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cmc.deusto.eus\/enzuazua\/avalanchas\/","title":{"rendered":"Avalanchas"},"content":{"rendered":"<p><!--:en--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se suele decir que quien aprende a andar en bicicleta de peque\u00f1o nunca lo olvida. En mi caso, desde luego, hasta el d\u00eda de hoy, es as\u00ed desde que hace ya muchos a\u00f1os aprend\u00ed a hacerlo en aquella Orbea roja.<br \/>\nConoc\u00ed sin embargo un se\u00f1or que, habiendo sido buen ciclista de joven, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida se lamentaba de no poder montar. \u201cNo es que se me haya olvidado, sino que he perdido la agilidad que hace falta para mantener el equilibrio inestable que exige la bicicleta\u201d, sol\u00eda decir. Siempre me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el uso de una terminolog\u00eda tan cient\u00edfica, la de \u201cequilibrio inestable\u201d, por parte de alguien que apenas tuvo ocasi\u00f3n de acabar sus estudios primarios, sorprendido como fue por una guerra civil que, para m\u00e1s inri, perdi\u00f3.<br \/>\nY, efectivamente, montar en bicicleta exige una posici\u00f3n en la que, una vez adoptada, no es dif\u00edcil mantenerse en marcha pero que es a la vez sumamente inestable pues el m\u00ednimo despiste con un bache, una piedra, un pie que se sale del rastral o un empuj\u00f3n, puede acabar en ca\u00edda. De ah\u00ed que esas bajadas de los ciclistas profesionales \u201ca tumba abierta\u201d y a cerca de 100 kil\u00f3metros por hora resulten genuinos actos de heroicidad.<br \/>\nLos equilibrios inestables se caracterizan por el hecho de que un m\u00ednimo cambio en las condiciones del entorno acaba derivando en una situaci\u00f3n completamente diferente. Compensar la tendencia al desequilibrio exige, pues, reflejos y agilidad similares a las de los funambulistas sobre el cable.<br \/>\nLos equilibrios inestables conducen tambi\u00e9n con frecuencia a cat\u00e1strofes naturales. Es el caso de los aludes o avalanchas que movilizan repentinamente grandes masas de nieve superficial a velocidades superiores a los 100 kil\u00f3metros por hora y de los que es casi imposible escapar. En la mayor\u00eda de las ocasiones, estas gigantescas avalanchas est\u00e1n causadas por la lluvia, por un banal grito de un paseante o por el paso de un esquiador, que ejercen inadvertidamente una leve presi\u00f3n sobre la superficie de nieve a\u00fan sin compactar que se desliza empujada sobre el manto interior de hielo, de la nieve m\u00e1s antigua, como un trineo en una pista helada, sin resistencia alguna.<br \/>\nHay tambi\u00e9n avalanchas de agua. Aqu\u00ed guardamos el recuerdo de las inundaciones de 1983. Si no fuera por los testigos de la \u00e9poca y los testimonios gr\u00e1ficos, ser\u00eda dif\u00edcil creer que el agua alcanz\u00f3 la altura marcada en algunas de las lonjas de las siete calles bilbainas.<br \/>\nLas avalanchas pueden ser tambi\u00e9n de barro, tierra y lodo. En 2010 fueron varios cientos los muertos en Niterio (Brasil) por una avalancha de lodo que arras\u00f3 una favela. Fue tambi\u00e9n el caso de la presa de Aznalc\u00f3llar, en 1998, que al ceder el dique que la conten\u00eda verti\u00f3 residuos lodosos altamente contaminantes, cargados de metales pesados derivados de la actividad minera, en extensas zonas de cultivos y penetrando incluso en el Coto de Do\u00f1ana. Quince a\u00f1os despu\u00e9s, el litigio sigue sin estar resuelto en los juzgados de modo que nadie ha respondido a\u00fan por los enormes da\u00f1os y los millones de euros que supuso para las arcas p\u00fablicas la compleja y prolongada operaci\u00f3n de descontaminaci\u00f3n.<br \/>\nPero las avalanchas no siempre son de agua, tierra o nieve. Tambi\u00e9n las avalanchas humanas son frecuentes en grandes aglomeraciones y pueden tener efectos dram\u00e1ticos. Ocurri\u00f3 en aquella macrofiesta del Madrid Arena, acabando con la vida de cinco chicas, y acontece cada a\u00f1o en la peregrinaci\u00f3n a la Meca que, seg\u00fan el dictado de su religi\u00f3n, lleva hasta all\u00ed a millones de musulmanes.<br \/>\nPero las avalanchas humanas no siempre son fruto de un petardo, una falsa alarma o una explosi\u00f3n. A veces son conscientes, fruto de la indignaci\u00f3n. Ocurr\u00eda el pasado a\u00f1o en Marruecos, donde el todopoderoso rey Mohamed VI tuvo que recular ante la protesta de un pueblo indignado por la concesi\u00f3n err\u00f3nea del indulto a un pederasta. Tuvo agilidad el monarca para corregir r\u00e1pido su error, pues la inestabilidad social generada pod\u00eda haber removido los cimientos de su reinado, que ya hab\u00eda pasado de refil\u00f3n por una Primavera \u00c1rabe que ha modificado sustancialmente el mapa pol\u00edtico del Magreb y de Oriente Pr\u00f3ximo con resultados desiguales pero sin duda en el inevitable camino de que cada pueblo decida sobre su futuro y destino.<br \/>\nLa detecci\u00f3n de equilibrios inestables, la predicci\u00f3n del riesgo de avalanchas y su alcance en caso de que se produzcan son tareas de las que se ocupan las matem\u00e1ticas actuales. Los fen\u00f3menos en cuesti\u00f3n son complejos por sus diversos or\u00edgenes y naturaleza, pero hay elementos comunes suficientes que permiten un tratamiento cient\u00edfico unificado que d\u00e9 con respuestas cuantitativas fiables.<br \/>\nPero de poco sirven los diagn\u00f3sticos cient\u00edficos cuando el inevitable error humano se cruza en nuestro camino.<br \/>\nCasi tres a\u00f1os despu\u00e9s del desastre de Fukushima, la prensa ha seguido informando de filtraciones de agua radioactiva. En aquel caso fue un tsunami el que caus\u00f3 la destrucci\u00f3n e inundaci\u00f3n de la central. El tsunami, a su vez, estuvo producido por un se\u00edsmo. Nada de eso era impredecible pero, a pesar de ello, las autoridades a cargo de las instalaciones nucleares en Jap\u00f3n permitieron la construcci\u00f3n de una central en un lugar inadecuado. Lo mismo podr\u00eda decirse de la favela de Niteroi, que no deb\u00eda haberse construido en aquel barranco, de aquella gran instalaci\u00f3n para manifestaciones p\u00fablicas de Madrid, que nunca debi\u00f3 albergar a tanta gente sin suficientes salidas de evacuaci\u00f3n\u2026 Con demasiada frecuencia tomamos conciencia de los riesgos tarde, s\u00f3lo despu\u00e9s de que el desastre se haya producido irreversiblemente. Y seguir\u00e1 siendo as\u00ed.<br \/>\nLa naturaleza es movimiento y a pesar de que afortunadamente en la mayor\u00eda de las ocasiones evoluciona de manera armoniosa, es imposible que las avalanchas no se manifiesten de forma inesperada en uno y otro \u00e1mbito, aqu\u00ed y all\u00e1. Tienen con frecuencia consecuencias tr\u00e1gicas, pero son tambi\u00e9n las que establecen un necesario umbral entre el antes y el despu\u00e9s, cambiando el curso de los r\u00edos, haciendo que emerjan nuevos valles y monta\u00f1as y que la selecci\u00f3n natural imponga su ley.<br \/>\n\u00daltimamente vivimos tambi\u00e9n una persistente ola de avalanchas econ\u00f3micas y pol\u00edticas. Del mismo modo que los terremotos tienen sus r\u00e9plicas, desde que la burbuja econ\u00f3mica rompi\u00f3 hace ya m\u00e1s de cinco a\u00f1os atr\u00e1s, vivimos bajo la amenaza de la constante r\u00e9plica.<br \/>\nEsta cascada de avalanchas econ\u00f3micas ha puesto de manifiesto tambi\u00e9n no pocas malas pr\u00e1cticas en la gesti\u00f3n de las administraciones p\u00fablicas y est\u00e1n por tanto teniendo reflejo en un sinf\u00edn de avalanchas de car\u00e1cter pol\u00edtico cuyas consecuencias son impredecibles incluso all\u00ed donde la cultura del Lazarillo de Tormes y la \u00e9tica del poder de Maquiavelo, la de preservarlo a toda costa, se impone a la del servicio p\u00fablico.<br \/>\nEn esta situaci\u00f3n no deja de sorprender la casi ausencia de respuesta social. \u00bfNos hemos acaso convertido en traga-avalanchas? Del mismo modo que la ballenas ingieren diariamente toneladas de plancton, parecer\u00eda que somos capaces de soportarlo todo. No era as\u00ed hace unos a\u00f1os. Pero, entonces, la juventud se sent\u00eda due\u00f1a de un futuro que deseaba cambiar conquistando libertad, democracia e igualdad\u2026 mientras que ahora siente que le han robado el futuro. Es dif\u00edcil construir la ilusi\u00f3n de un proyecto con cimientos tan fr\u00e1giles.<br \/>\nSiempre queda la esperanza de que una nueva e inesperada avalancha cambie la direcci\u00f3n de nuestro viento de pa\u00eds. Por de pronto, nos quedamos con lo que aprendimos del tsunami del oc\u00e9ano \u00edndico en 2004: cuando la marea baja dejando al descubierto metros de orilla que nunca antes el mar hab\u00eda abandonado, no es el momento de ponerse a recoger caracolas, sino de buscar refugio. Habremos de estar atentos para detectar los primeros signos de la pr\u00f3xima avalancha que marque el inicio de un nuevo tiempo y emprender entonces caminos serenos en la direcci\u00f3n correcta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.deia.com\/2014\/02\/03\/opinion\/columnistas\/matemanias\/avalanchas\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Art\u00edculo publicado en Deia<\/a><\/p>\n<p><!--:--><!--:es--><\/p>\n<p><!--:--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se suele decir que quien aprende a andar en bicicleta de peque\u00f1o nunca lo olvida. En mi caso, desde luego, hasta el d\u00eda de hoy, es as\u00ed desde que hace ya muchos a\u00f1os aprend\u00ed a hacerlo en aquella Orbea roja. 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