{"id":878,"date":"2013-06-23T11:58:25","date_gmt":"2013-06-23T10:58:25","guid":{"rendered":"\/enzuazua\/?p=878"},"modified":"2022-03-21T07:29:58","modified_gmt":"2022-03-21T06:29:58","slug":"como-ser-carioca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cmc.deusto.eus\/enzuazua\/como-ser-carioca\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo ser carioca"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Veinticinco a\u00f1os atr\u00e1s la ciudad era un destino relativamente remoto y ex\u00f3tico. Entonces se viajaba menos en avi\u00f3n y tambi\u00e9n era m\u00e1s caro hacerlo. Cierto es tambi\u00e9n que la atenci\u00f3n que se recib\u00eda en el viaje, la comida que serv\u00edan, era mucho mejor. \u00a1Hasta se pod\u00eda fumar!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aquel entonces muchos famosos hab\u00edan ya pasado por all\u00ed y conoc\u00edamos los encantos de la ciudad por pel\u00edculas y reportajes, pero era poco habitual que a los ciudadanos corrientes el destino nos condujese hasta all\u00ed. A mi me llevaron las Matem\u00e1ticas que, como es bien sabido, est\u00e1n en todas partes.<br \/>\nEn aquella \u00e9poca un salto transoce\u00e1nico era toda una aventura, no us\u00e1bamos internet y todo era m\u00e1s dif\u00edcil. Conseguir un billete a precio razonable, un contacto en el lugar de destino para un transporte seguro del aeropuerto al hotel, un tel\u00e9fono en el que a uno le pudieran localizar en caso de emergencia\u2026 Todo era m\u00e1s complicado. Muchas veces las gestiones se resolv\u00edan a golpe de tel\u00e9fono y resultaba car\u00edsimo hacerlo. Recuerdo las dificultades de comunicaci\u00f3n con la desaparecida compa\u00f1\u00eda a\u00e9rea de bandera Varig, que quebr\u00f3 en 2006. Me ped\u00edan el apellido y cuando se lo dec\u00eda me rogaban que no repitiera las s\u00edlabas, que lo dijese s\u00f3lo una vez, pues les confund\u00eda. Al final mi billete lleg\u00f3 a nombre de \u201cZua\u201d y fue todo un l\u00edo.<br \/>\nPero a pesar de todo se viajaba, uno iba y casi siempre, volv\u00eda, pero no siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablamos, por supuesto, de Rio de Janeiro, ciudad famosa por el carnaval, por la m\u00fasica de \u201cbossa nova\u201d, por el culto al cuerpo, por sus playas\u2026. Pero tambi\u00e9n por sus Matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras la angustiosa espera de la maleta, la primera sensaci\u00f3n al salir del terminal, ya en el nuevo continente, result\u00f3 inolvidable. Aqu\u00e9l aire era \u00fanico, mezcla de calor, humedad, salitre, bocinas y algo m\u00e1s dif\u00edcil o imposible de identificar para un europeo al poner el pie por primera vez all\u00ed. El misterioso ingrediente eran los gases emitidos por los coches que se propulsaban con un combustible extra\u00eddo de la ca\u00f1a de az\u00facar y que impregnaba el aire con un sabor dulce de jarabe. En la \u00e9poca el chiste era que tanto coches como conductores consum\u00edan ca\u00f1a de az\u00facar, pues \u00e9sta sirve tambi\u00e9n para destilar la \u201ccacha\u00e7a\u201d con la que se preparan las famosas \u201ccaipirinhas\u201d. Hoy rige en la ciudad una ley seca sever\u00edsima que hace que nadie que vaya a tomarse una ca\u00f1a, un \u201cchopp\u201d, salga en coche. Todo un s\u00edmbolo de un cambio radical de valores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cualquier caso, la mezcla de gases resultaba eficaz y con una sola bocanada uno se sent\u00eda ya en proceso de integraci\u00f3n en esa nueva realidad, a la vez que el clima expand\u00eda las tuber\u00edas de nuestro sistema cardiovascular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi colega me llev\u00f3 en coche hasta el hotel. Yo le llamaba Carlos hasta que amablemente me pidi\u00f3 que le llamase Fred. Su nombre completo era Carlos Frederico. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda yo imaginar que deb\u00eda llamarle por su segundo nombre? Luego fui descubriendo que ese tipo de inversiones eran habituales en portugu\u00e9s y que de hecho all\u00ed el primer apellido era el de madre, el segundo el del padre, pero que la gente normalmente se llamaba por el segundo, de modo que el de uso frecuente acababa siendo el del padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De camino hablamos, claro, de Matem\u00e1ticas. Pero mi interlocutor me ve\u00eda despistado y me pregunt\u00f3 qu\u00e9 era lo que tanto me sorprend\u00eda que no dejaba de mirar por la ventanilla. Le dije que era aquel contraste de viviendas de lujo con piscinas y terrazas de pel\u00edcula y las chabolas de las \u201cfavelas\u201d. Fue cuando me explic\u00f3 que esa era la definici\u00f3n del tercer mundo. El tercer mundo, me dijo, no se caracteriza por que todo el mundo sea pobre sino porque una mayor\u00eda muy pobre convive, casi puerta con puerta, con el lujo de los m\u00e1s escandalosamente ricos. Para mi era algo nuevo al haber vivido siempre en Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era la \u00e9poca de la hiperinflaci\u00f3n que pod\u00eda alcanzar el 30 o el 40% al mes. \u00bfQue significaba eso? Que si uno pagaba una semana 10 por lavar la ropa en la lavander\u00eda, la siguiente pod\u00edan cobrarle 12 o 14. La primera vez que me pas\u00f3 indiqu\u00e9 al vendedor que se hab\u00eda equivocado al devolverme cambio de menos. Me mir\u00f3 sorprendido. Tardamos en entender mutuamente que para \u00e9l los precios cambiaban cada d\u00eda o cada semana mientras que para mi eran mucho m\u00e1s duraderos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hiperinflaci\u00f3n hac\u00eda que la gente hiciese cola en los bancos cada ma\u00f1ana para renovar su dep\u00f3sito que daba intereses cada media noche. Tambi\u00e9n, a consecuencia de ella, los precios se multiplicaban por 10 cada a\u00f1o y cada tres se cambiaba de moneda pues lo que era un billete grande 1000 acababa teniendo el valor de una unidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a mi lo que m\u00e1s me sorprendi\u00f3 fue la vegetaci\u00f3n. Yo estaba acostumbrado a robles, ayas y pinos y la majestuosidad de los \u00e1rboles del Jard\u00edn Bot\u00e1nico me impresion\u00f3. Mi amigo Rolci viv\u00eda en una casa en la isla del Gobernador, al lado de la isla del Galeao donde se ubica el aeropuerto internacional. En su min\u00fasculo jard\u00edn luc\u00eda un elegante bananero. Me explic\u00f3 que no necesitaba regarlo. Lloviera o no la naturaleza se encargaba de nutrirlo, incluso en medio de la hermosa bah\u00eda de Guanabara, muy contaminada en aquella \u00e9poca y a\u00fan hoy. Le pregunt\u00e9 cu\u00e1ntos a\u00f1os ten\u00eda la planta y no entendi\u00f3 mi cuesti\u00f3n. Yo le dije que aqu\u00ed un \u00e1rbol de esa altura necesitar\u00eda entre 6 a 10 a\u00f1os para crecer. \u00c9l me explic\u00f3 que varias veces al a\u00f1o, cuando ve\u00eda que estaba lleno de bananas, lo cortaba a ras de suelo con el machete hasta que volv\u00eda a crecer tres metros y llenarse de bananas.<br \/>\nEsa r\u00e1pida inmersi\u00f3n en R\u00edo constituy\u00f3 un choque cultural en toda regla, una colisi\u00f3n m\u00faltiple. Pero esa experiencia era com\u00fan a todos los europeos y norteamericanos que lleg\u00e1bamos all\u00ed, de los cuales no pocos eran atra\u00eddos por las Matem\u00e1ticas que siempre tuvieron y siguen teniendo tradici\u00f3n y varios puntos de referencia en la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan sistem\u00e1tico era ese choque cultural que en 1992 se public\u00f3, con gran \u00e9xito, el libro \u201cHow to be a Carioca\u201d, \u201cC\u00f3mo ser un carioca\u201d. Para mi hasta entonces carioca era un pez que com\u00edamos en vigilia o la marca de las cajas de pinturas, pero all\u00ed era el apodo de las habitantes de la ciudad.<br \/>\nEn el libro, escrito con un estilo ligero, f\u00e1cil de leer, divertido, e ilustrado de manera c\u00f3mica, su autora, Priscilla Ann Goslin, americana de Minnesota, que habiendo llegado a la ciudad, decidi\u00f3, como otros muchos, quedarse, desgranaba algunas recomendaciones, presentadas de manera caricatural, que resultaban y resultan a\u00fa8n hoy extremadamente \u00fatiles a quien decide convertirse en carioca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ejemplo, los hombres, al salir del agua en la playa nunca deben secarse con la toalla sino sacudirse el agua como los cachorros. Tampoco deben tumbarse sino permanecer de pie, como faros, mirando alrededor y conversando con los amigos. De lo contrario, uno es inmediatamente identificado como extranjero y eso hace que le caigan encima todos los vendedores de souvenirs. Otro cap\u00edtulo del libro se dedica al \u201cjeitinho\u201d, algo as\u00ed como la ma\u00f1a, esa manera peculiar de los habitantes de la ciudad de hacer las cosas con simpat\u00eda, con sonrisa, con encanto, que permite hacer realidad lo imposible: que te abran las puertas del autob\u00fas aunque no est\u00e9s en la parada, que te permitan entrar al teatro aunque llegues un poco tarde, que un profesor se apiade de ti cuando te faltan unas d\u00e9cimas para aprobar, que el polic\u00eda te perdone una multa, etc\u2026.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sociedad brasile\u00f1a ha cambiado mucho en estos a\u00f1os y para mejor. Las dos legislaturas de Fernando Henrique Cardoso primero, las de Lula da Silva despu\u00e9s, y ahora el ejecutivo de Dilma Rousseff, han acabado con la hiperinflaci\u00f3n y reducido dr\u00e1sticamente la injusticia social. Los programas de salud p\u00fablica, que entonces se denominaban coloquialmente \u201cmorte lenta\u201d, han mejorado ostensiblemente, y se ha hecho un gran esfuerzo en pol\u00edticas de fomento a la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d\u00edas Sao Paulo, motor econ\u00f3mico del pa\u00eds, l\u00edder en am\u00e9rica latina y referente mundial, y no s\u00f3lo en futbol, anunciaba la creaci\u00f3n de 17 nuevos centros de investigaci\u00f3n. Tres de ellos en el \u00e1mbito de las Matem\u00e1ticas, con orientaci\u00f3n a la industria, la computaci\u00f3n y las neurociencias respectivamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n en estos d\u00edas ha prendido la llama del descontento en varias ciudades de Brasil, viva prueba de que es dif\u00edcil que en el camino de la convergencia hacia una sociedad del bienestar, tal y como la conocemos, no arrastremos tambi\u00e9n la tensi\u00f3n y la frustraci\u00f3n que generan sus contradicciones. Una seria llamada de atenci\u00f3n para quienes tienen la responsabilidad de conducir el pa\u00eds en la senda de la transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este fin de semana voy a subir al trastero a ver si encuentro mi copia del libro. Se lo voy a regalar a mis hijas pues es muy probable que alg\u00fan d\u00eda recalen en la ciudad y, quien sabe, tal vez lo hagan no para cooperar al desarrollo como hice yo, sino para forjarse un futuro profesional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mundo se ha dado la vuelta como un calcet\u00edn en estos \u00faltimos 25 a\u00f1os. Conviene darse cuenta de ello pues en los pr\u00f3ximos 25 volver\u00e1 a hacerlo y conviene que en esta ocasi\u00f3n caigamos de pie, como los gimnastas ol\u00edmpicos, y no de cabeza como los obuses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cosa es casi segura, a pesar del cambio clim\u00e1tico y la cada vez m\u00e1s imprevisible meteorolog\u00eda, nuestros robles nunca crecer\u00e1n tan r\u00e1pido como la floresta carioca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/m.deia.com\/2013\/06\/23\/opinion\/columnistas\/matemanias\/como-ser-carioca\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Art\u00edculo publicado<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Veinticinco a\u00f1os atr\u00e1s la ciudad era un destino relativamente remoto y ex\u00f3tico. Entonces se viajaba menos en avi\u00f3n y tambi\u00e9n era m\u00e1s caro hacerlo. 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