Prof. Dr. Enrique Zuazua (Image: FAU/Kurt Fuchs)

Zuazua, considerado el mejor del mundo en matemáticas aplicadas, vuelve a hacer las maletas para desarrollar su labor lejos de Euskadi, a donde vino cargado de sueños y proyectos en 2008.

Habla de “solidaridad y colaboración” como fórmula para entender la vida y trabajar. Tiene un discurso social, aunque en su cabeza los números bailan claqué y las operaciones se encaminan hacia la búsqueda del infinito. Es el matemático más brillante de Euskadi. Una eminencia a nivel mundial y se va a desarrollar su trabajo en Alemania, donde le ha surgido una oportunidad “única”, la prestigiosa Cátedra Humboldt. Sin embargo, se va “dolido”. Se siente expulsado de su país, maltratado. El 1 de septiembre empieza para él una nueva etapa como catedrático funcionario en Baviera.

-Recientemente me dijo un científico que la ciencia vive demasiado pendiente de los indicadores, el número de publicaciones, proyectos concedidos, y se están dejado de lado los objetivos. ¿Qué opina?

-Efectivamente, cuando yo empecé a hacer el doctorado en 1984 en París nadie se preocupaba de cuántos artículos escribías o cuántas citas tenías, pero hoy casi nadie escapa ya a esa lógica. Tiene aspectos negativos, pues rompe con la tradición romántica de los centros de investigación y las universidades como entornos de pensamiento libre. Pero, claro, llevando esa filosofía al extremo, te encuentras con sistemas de dudosa rentabilidad social. Se observa con demasiada frecuencia que el rendimiento no está en correlación con la inversión realizada.

-¿Por qué lo dice?

-Hay ejemplos múltiples. Recientemente se ha publicado la clasificación de regiones innovadoras europeas y Euskadi pasa del puesto 110 al 132. Nos podemos conformar con estar mejor que nuestros vecinos del sur, este u oeste, pero la foto nos aleja del liderazgo de la Europa del norte, a pesar de estar aumentando nuestro esfuerzo inversor, que pagamos los ciudadanos. El discurso de la ciencia por la ciencia es insuficiente y es imprescindible que los recursos, sobre todo los públicos, que son los que irrigan mayormente la investigación, se distribuyan con una transparencia exquisita, guiados por criterios de excelencia, y no por presiones políticas. Todo ello posiblemente influya en que Euskadi haya pasado del verde al amarillo en esa clasificación. Países pequeños, como el nuestro, son particularmente sensibles a las buenas prácticas, pero también a las malas.

-Inquietante lo que está diciendo.

-Tú fíjate que los de Éibar nos tenemos que ir a Baviera…

-Sobre todo después de haberle recuperado.

-Exacto. Un sistema de ciencia que obstaculiza el desempeño de sus científicos hasta el extremo de expulsarlos de su país, de un lado se deslegitima y, de otro, mancha la marca de país. Nuestro sistema tiene que cuidarse de estos “errores”, interesados sin duda, porque hay una comunidad internacional que no lo entiende y no lo olvida. Los indicadores y los rankings hablan de todo ello.

-¿Cómo ha sido su caso?

-Cuando volví en 2008, tras 24 años fuera, a través de Ikerbasque, la Fundación Vasca de la Ciencia, lo hacía para trabajar para y por el sistema científico vasco, para Euskadi. Estas estructuras, que se dotan de una personalidad jurídica privada para gestionar con más flexibilidad, nutriéndose, como lo hacen, exclusivamente de fondos públicos, han de ser particularmente cuidadosas. Quitarle su empleo (lideró el Basque Center of Applied Mathematics, BCAM, un centro de investigación en matemáticas aplicadas creado con el apoyo del Gobierno Vasco) a un científico que lleva 35 años trabajando y, como no se va, quitárselo a su esposa para que no tengan más remedio que irse… pues es, efectivamente, muy inquietante. No hay peor endogamia que la que se vuelve contra sus propios hijos. A pesar de todo, hasta hoy, hemos conseguido seguir en Euskadi gracias a la acogida de la Universidad de Deusto para desarrollar nuestro proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC). Pero esta se acaba pronto y hay que forjar el futuro, que esperamos sea largo.

-¿Qué está pasando para que usted se tenga que ir de esta forma?

-Hubo una apuesta por parte del equipo del lehendakari Ibarretxe, que aspiraba a que Euskadi fuese un polo de atracción científico-tecnológico. Se crearon estas estructuras con ese fin. Pero ese empeño inicial se trunca, al romperse la regla de que los recursos han de acordarse en función de criterios de excelencia. “Cada uno en su sitio”, me dijeron…. ¿Cómo se decide cuál es el lugar de cada uno? ¿Quién lo hace? Sorprende que este no sea el lugar de los euskaldunes, en cualquier caso.

La entrevista completa con Enrique Zuazua puede descargase clicnado sobre la imagen superior.

-La Cátedra Humboldt parece una gran oportunidad y, sin embargo, se le ve triste, dolido.

-Pues sí, es una oportunidad profesional extraordinaria, única. Pero claro, es sacar a los hijos de la ikastola, de su entorno de amigos, ver que en ellos se aplica el arbitrario “cada uno en su sitio”, alejarse de la familia cuando la necesidad es mayor…

-¿Su marcha es algo coyuntural?

-Este tipo de acontecimientos son la punta visible del iceberg de un sistema que actúa contra sus propios objetivos e intereses. Cuando se deshace de sus hijos así, y de sus familias, aprovechando que nuestra legislación laboral permite cancelar cualquier contrato, que para nuestra familia era un compromiso de por vida, con una indemnización, que por supuesto se paga con dinero público, es que el virus tiene raíces profundas.

-En todo caso, con esta cátedra, usted se acaba de reivindicar.

-En Alemania conocían mi arraigo, mi compromiso con la ciencia vasca, y no creían que fuera a dejar Euskadi para aceptar el reto de la Cátedra Humboldt. Les sorprendía, sabiendo que las instituciones vascas difunden constantemente anuncios de programas de captación de investigadores, que no se hiciera un esfuerzo por guardar a los suyos. Por supuesto, no les conté el calvario que mi familia ha vivido. Los trapos sucios se lavan en casa. Trabajamos para la Euskadi del futuro, la que podría haber sido y aún puede ser. No somos más que un eslabón de la cadena y esperamos volver, enriquecidos por la nueva experiencia, cuando otro equipo asuma el liderazgo de nuestro sistema científico (…)

La entrevista completa de Mikel Mujika y José Mari Martínez fue publicada el domingo, 14 de Julio de 2019 en el Diario de Noticias de Gipuzkoa y puede leerse en este enlace.

Además, Alberto Atxotegi, en su columna de opinión titulada “En Honor a la Verdad”, que se publicó en el diario DEIA el 12 de agosto de 2019, hace referencia a la entrevista mantenida por Mikel Mujika con Enrique Zuazua. Su columna puede descargarse desde este enlace.