El pasado 3 de Diciembre tuve el honor de recibir del Alcalde de Éibar, Miguel de los Toyos, la distinción “Txopitea eta Pakea”. Este es el texto de mi alocución preparado para aquella ocasión.

A Éibar le debo lo más importante: Una infancia y juventud plenas, en la que recibimos una educación que nos ha servido como salvoconducto para la vida. Ahora le debo también este honor que otros antes y más que yo merecían, pero que recibo con orgullo y con el compromiso de, más que antes, si cabe, representar la marca Éibar lo mejor que pueda, allá donde esté.

La probabilidad de haber nacido en Éibar cuando lo hice era de una entre cien mil aproximadamente y a mi me tocó el gordo. Hoy, dado el aumento de la población mundial y la reducción de los habitantes es aún menos probable nacer en Éibar.

Nuestra generación fue numerosa. Las de hoy lo son menos. Pero Éibar sigue manteniendo vivo el tejido social que caracteriza a la ciudad, que hace que sus calles sean el paradigma del “ambiente” y que su bien más preciado sean sus gentes, fuertemente interconectadas, progresistas, abiertas, euskaldunes, solidarias, fiables, trabajadoras y comprometidas.

Entiendo la concesión de este galardón como un reconocimiento al conjunto de los científicos eibarreses y, en general, a todos los que se dedican al estudio y a la creación en las más diversas disciplinas.

No me cabe duda de que es así, tras haber tenido la fortuna de colaborar en los últimos años con el concejal Alberto Albistegui y su equipo, de talante abierto, genuinamente eibarrés, en el impulso de iniciativas encaminadas a difundir los valores de la ciencia e inspirar a los más jóvenes. Como le suelo decir a Alberto, futbolista en su vida anterior, en vista del ritmo de trabajo que llevan en el consistorio: “¡Menos mal que estás entrenado para la alta competición!”.

No soy más que el afortunado al que se le ofrece la oportunidad de subir al estrado a recoger la mención que simboliza el reconocimiento a un esfuerzo colectivo, el de la cultura, la ciencia, las letras, las artes, que son todo uno.

Hoy, rodeado de todos vosotros, me vienen a la memoria algunos pasajes de mi vida en Éibar y sus protagonistas. Casi todos estos recuerdos son en blanco y negro, tal vez por el tiempo transcurrido. A la vez, me pregunto: ¿Tiene color la memoria o es en blanco y negro, como las fotos antiguas?

Me alegro de que, hoy, el ir y venir, me traiga hasta aquí, a casa, una vez más, para estar con vosotros.

Hace mucho aprendí que, en la vida, los méritos son el reflejo, la resultante de las oportunidades que se nos han brindado, y el apoyo recibido de tantos otros, a los que es demasiado fácil olvidar.

Cruce de trenes en Éibar. foto: Martin Dieterich. http://www.spanishrailway.com

Yo no he hecho más pedalear en la Orbea que me regalaron desde niño y que aún hoy funciona con precisión.

Éibar es modelo de compromiso social con la calidad.

Hoy son muchos los que conocen a Éibar por su equipo de fútbol. A  los que se interesan, les explico que nuestro excelso equipo es la punta de un inmenso iceberg social al que me siento muy orgulloso de pertenecer.

Todo arranca con la educación. Éibar ha sido pionera en el impulso de iniciativas innovadoras en ese ámbito: La Escuela de Armería, la de la cooperativa Alfa, la Ikastola Mogel, la Laboral, sin olvidar el conjunto de todas las escuelas de nuestro tan característico sistema público-privado, híbrido. 

Hoy la Universidad pública vasca tiene su sede en la antigua Laboral, donde cuenta con un excelso grupo de profesionales, en su mayoría jóvenes y euskaldunes. Una sede que debemos impulsar y cuidar dado su enorme potencial. Ojalá sepamos hacerlo con la colaboración de las autoridades, complementado así otras acciones que son hoy referente, como el centro tecnológico Tekniker.

Construcción de la residencia de estudiantes de la Universidad Laboral.

Daniel Txopitea hizo una aportación artística excepcional, y nos trajo al mítico Oteiza y su obra hasta Éibar. Ellos fueron los mejores ejemplos de cómo el talento se adhiere al cerebro de algunos humanos de manera inexplicable. Hoy el galardón que otorga el Ayuntamiento consiste en una reproducción de la escultura que Oteiza donó a la ciudad en homenaje a Txopitea, que se nos fue demasiado pronto.

Ainize Txopitea, hija del artista, artista también, lo dice así en un reciente poema:

Hay personas que dejan huella

con esa estrella que destella

colores en el túnel

luz entre la niebla

Hay contadores de historias viajeros que llegan

hasta donde el humano que imagina solo alcanza.

Hay batallas como amores

que el artista-guerrero con su vida abraza.

Hoy los artistas-guerreros pueden crear en paz, la escurridiza paz que la mención “Txopitea eta Pakea” siempre reivindicó, la más fértil.

Que sirva esta ocasión para recordar a tantos artistas-guerreros eibarreses, cada uno en lo suyo, y para dar aliento a los más jóvenes.

Lo mejor está por llegar.

El euskera, y el nuestro en particular, ha sido una preocupación constante de nuestros más ilustres intelectuales: Juan Antonio Mogel, Toribio Etxeberria, Antonio Iturrioz, Juan San Martin, Imanol Laspiur son algunos de los que hoy ya no nos acompañan.

Hace unos años Serafín Basauri, escribió un opúsculo sobre la obra del también euskaltzale Imanol Laspiur, que concluía así, en relación al futuro del euskera:

…Katea ez da eten. Dena beharko da, baina, inoiz baino gazteria prestatuagoa dugu eta etorkizunari esperantzaz aurre egin ezinik ez dago…

La cadena no se ha roto. Se necesitará todo, pero, tenemos una juventud mejor formada que nunca que nos permite encarar el futuro con optimismo.

Pero también acechan debilidades y los retos son enormes. Me entristece ver las estadísticas, que constantemente nos hablan de la perdida de peso de Euskadi en el Estado, tanto en población como en PIB. ¡No digamos ya a escala mundial! Y, me suelo preguntar, ¿Si hiciéramos un esfuerzo verdadero para que todos esos científicos y profesionales eibarreses y vascos desperdigados por el mundo estuvieran con nosotros?

Busto de Toribio Etxebarria en Éibar

Muchos de ellos suscribirían las palabras de Toribio Etxeberria que, en su exilio venezolano, en un momento de su vida propicio para la reflexión y la escritura, tras dedicar su vida al estudio y a la acción político-social escribió:

“Esta manía de versificar en euskera en que me he refugiado a la caída de la tarde de mi vida, me parece una locura adecuada a mi edad y fortuna. (…) El euskera en que escribo es la mejor herencia de que dispongo para el telar de mis sueños”

El futuro es inescrutable, pero, si extrapolamos a partir de lo que hemos vivido en las últimas décadas, concluiremos que nuestra sociedad será cada vez más científico-tecnológica, a la vez que realizará también un esfuerzo creciente para ser más humana.

Hace cuarenta años cuando me matriculé en Leioa, las Matemáticas se consideraban una carrera sin apenas salidas. Hoy es una las disciplinas más cotizadas. No podía ser de otro modo pues, como dijo Galileo, el mundo está escrito en lenguaje matemático, como lo está también en el de la literatura, la poesía y del arte. 

Las matemáticas seguirán desempeñando un papel central, en alianza con la Informática y las Ciencias de la Computación, en lo que denominamos Inteligencia Artificial, la expresión más audaz de la Ingeniería. Todo ello contribuirá a una evolución social que mejore nuestra salud, cuide nuestra única casa, este pequeño planeta, y podamos así vivir mejor esta experiencia que llamamos, simplemente, vida, en una sociedad más justa. 

Ese ha sido posiblemente siempre el fin último de los eibarreses, un pacto no escrito de desarrollo sostenible en todas sus dimensiones.

Sigamos pues añadiendo eslabones a la cadena, allí donde nos corresponda, siempre con la marca Éibar, ciudad-taller.

Agradezco a nuestro alcalde y al consistorio este gesto. Gracias a todos los eibarreses, allá donde estén.